Editorial Opinión

Las reivindicaciones de Red MMT para las elecciones generales de 2019 – Parte I: El gran vacío

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Escrito por Redacción

Cualquiera que hubiese recorrido la Península Ibérica hace quince años de norte a sur y volviera a realizar tal viaje hoy podría comprobarlo: nada ha cambiado desde entonces. Se pueden transitar las extensiones vacías de la meseta y atestiguar cómo se tambalean las casas cerradas en pueblos y aldeas. Se han levantado pocas fábricas desde 2012 y son más las que han echado el cierre para dejar que sus muros se conviertan en pasto de grafiti. De los viejos que poblaban las villas sorianas y turolenses algunos ya no están con nosotros y los que sobreviven tienen pocos vecinos. Los cajeros y las oficinas bancarias van cerrando y las escuelas ya no hacen falta. Las autovías y carreteras son las mismas e incluso el observador más perspicaz podrá comprobar que sigue allí el mismo bache de hace tres lustros. Bajo la maleza hay líneas férreas por las que hace años que no circula un tren, mientras otras operan con infraestructuras y máquinas de otro siglo, dejando a regiones independizadas de facto, como Extremadura.

Los jóvenes en edad de formar familias renuncian a revitalizar nuestra decrépita sociedad, obligados a emigrar o a esperar eternamente oportunidades que no llegan más que en forma de precariedad. El trabajo que realizan mayoritariamente mujeres sigue siendo invisible a los ojos de la sociedad porque no computa para el Producto Interior Bruto. Los cuidados siguen siendo una responsabilidad doméstica que, pese al sacrificio personal, no llega a ser suficiente para el bienestar de nuestros mayores, niños y dependientes. Este es el panorama desolador al que los –a todas luces– insuficientes “presupuestos más sociales de la historia de la democracia” pretendían hacer frente.

El crecimiento que no compensa

Una parte de España se muere y camina hacia la extinción; otra languidece sin esperanza de poder asegurar un proyecto vital. Solo en las grandes ciudades españolas como Madrid, Valencia y Barcelona se pueden observar algunos destellos de crecimiento económico. Allí es donde viven en sus burbujas las élites que niegan la realidad mayor porque en sus microesferas de prosperidad se carece de perspectiva. Sí, las estadísticas del INE, reflejan una cierta recuperación económica pero la fanfarria de los medios está muy lejos de estar justificada. Todavía en 2017 la economía española no había conseguido que la renta media por persona superase la del pico de la anterior burbuja inmobiliaria.

Figura 1. Encuesta de condiciones de vida, renta media por persona. Fuente: INE

Hay una miniburbuja inmobiliaria en marcha gracias a la expansión del crédito bancario. Así pues todo está en orden, hemos vuelto a los 2000, que era lo que las élites querían. Pero este ciclo de endeudamiento no tiene el vigor del anterior y ya sabemos cómo suelen acabar las burbujas.

Figura 2. Préstamos al sector privado doméstico (hogares, instituciones al servicio de los hogares sin fines de lucro y sociedades no financieras). Fuente de los datos: Banco de España

Nada se está haciendo para frenar la decadencia de la economía española. Hace algunos años había un programa científico y el Estado promovía iniciativas como el ferrocarril de alta velocidad, la biotecnología y las energías renovables. Estos programas fueron abruptamente abortados tras el giro a la austeridad impuesto por Merkel, Sarkozy, Barroso y Trichet al Gobierno de España. Desde entonces la inversión en I+D no ha cesado de decaer. Mientras, China y Corea hace años que nos tomaron la delantera. El siguiente gráfico explica por qué dentro de unas décadas el mundo desarrollado estará en Asia y el viejo continente languidecerá en un subdesarrollo decadente. Las autoridades, obcecadas en “no dejar deuda para las generaciones futuras”, están dejando sobre nuestros hijos una pesada hipoteca de retraso económico.

Figura 3. Gasto en I+D en porcentaje del PIB de España, la UE y China. Fuente: Fundación COTEC

La desigualdad

Pese a que los fuegos fatuos hayan iluminado la economía española en los tres años anteriores, la situación está lejos de ser halagüeña. La desigualdad y la pobreza han quedado tenuemente velados por el empleo precario y un vergonzante paro de larga duración. Les damos la bienvenida a la sociedad más desigual de Europa Occidental. Según Eurostat, España tiene el quinto mayor registro del coeficiente Gini, un estadístico que mide la desigualdad en el reparto de la renta, de toda Europa. Damos la enhorabuena a las autoridades europeas y españolas por este gran logro de convergencia europea: en 2001, este índice era de 31 y ahora está casi en niveles de un país subdesarrollado (cuanto más alto es el coeficiente mayor es la desigualdad). Creemos que no hace falta recordar cómo el porcentaje de trabajadores pobres ha alcanzado máximos históricos o que siguen desempleados casi el 15% de los buscadores de empleo. Según un estudio del gabinete económico de Comisiones Obreras publicado recientemente, gracias a la reforma laboral del Gobierno de Rajoy de 2012, en 2018 el «37% de los contratos indefinidos no llega a cumplir 1 año y el 50% dura menos de 2 años». Además, «la mitad de los contratos indefinidos no sigue activo dos años después de ser firmado».

Precariedad, subempleo, temporalidad, pobreza y desigualdad son los sustantivos que caracterizan el legado de las cuatro décadas de neoliberalismo y tres lustros de austeridad aplicados por los sucesivos gobiernos de España para aplacar a la tecnocracia bruselense, los dioses sedientos de austeridad en cuyos altares se sacrifican los derechos sociales.

Figura 4. Coeficiente Gini en 2017. Fuente Eurostat.

La recesión que se avecina

Mientras la economía española sigue “viento en popa a toda vela” en nuestro entorno las economías europeas, empeñadas en su loca carrera de autodestrucción gracias a la aplicación concienzuda de las políticas de ascetismo y mortificación, se desaceleran. Italia, que clamaba por un presupuesto expansivo, ha vuelto a la recesión y Francia y Alemania la han evitado “técnicamente”, es decir, la han rozado. Seguramente Europa camina hacia otra crisis mientras que nuestras autoridades sonámbulas continúan empeñadas en ejercicios de propaganda acerca del ilusionante proyecto europeo. En España quedará como única fuente de crecimiento, al quedarse sin combustible las locomotoras del sector exterior y el menguante déficit público, el crédito bancario que no dudará en hibernar en cuanto los balances de hogares y empresas se deterioren y repunte el desempleo. Si llega la crisis económica en 2019 no debería ser una sorpresa.

Figura 5. Crecimiento del PIB en los países de la UE durante el tercer trimestre de 2018. Fuente: Eurostat

El Imperio Neoliberal

El panorama es desolador y, sin embargo, las autoridades españolas están completamente emasculadas. Se ha entregado el poder real a organismos no elegidos democráticamente o que mantiene una frágil apariencia de estar sometidos al poder popular: el Banco Central Europeo es la institución más poderosa pero no responde a una instancia parlamentaria; la Comisión Europea, bajo el mando de un probable dipsomaníaco, reparte sus competencias en 28 parcelas delegadas y no ha sido elegida por el parlamento; el Parlamento europeo es una asamblea sin iniciativa legislativa; el Consejo tiene la iniciativa legislativa pero no ha sido elegido por los ciudadanos; el Eurogrupo opera bajo un oscurantismo hermético; el Tribunal de Justicia Europeo, que interpreta los tratados europeos, responde siempre a una pasión librecambista.

La UE se ha convertido así en la dictadura perfecta al servicio de las oligarquías capitalistas. Es un gigantesco entramado donde cualquier intento de cobrarse una pieza institucional quedaría inmediatamente anulada por la acción de las restantes instituciones. Por eso iniciativas como el proyecto Diem 25 promovido por Varoufaquis están condenadas al fracaso.

Todo este entramado institucional de unos tratados europeos irreformables se adereza con acuerdos que consagran la austeridad como el Pacto por la Estabilidad y el Crecimiento, el Two-Pack y el Six-Pack. En España incluso se ha petrificado en la Constitución la extinción de la deuda pública, también conocido como ahorro del sector privado, lo cual evita toda aspiración a aplicar un presupuesto expansivo. Los tratados europeos garantizan que ningún cambio político a nivel nacional podrá jamás cambiar el signo general de la política económica.

El euro, ese tabú

El euro, un fallido experimento monetario, no se cuestiona por ninguna de las opciones políticas. Sin embargo, ese gigantesco, enorme, inmenso paquidermo en la habitación es la verdadera causa de todos nuestros males. Es el instrumento que nos mantiene en la deflación permanente e impide que se pueda hacer otra política económica más allá de la devaluación salarial y la consolidación fiscal.

Las elecciones entre opciones vacías

Ante este panorama la complacencia y frivolidad de los dirigentes políticos españoles da vergüenza ajena. Lejos de comprender la gravedad de nuestra situación nos distraen con conflictos identitarios que están muy lejos de resolver los problemas reales. Las derechas explotan la animosidad hacia el independentismo catalán y pugnan por ser los abanderados del españolismo. Los nacionalistas catalanes siguen culpando a Madrid de todos los males y no terminan de abandonar la alocada huida hacia adelante del Procés. El PSOE ofrece propinas que se presentan como política social y tapa su connivencia con la austeridad con maniobras de distracción, por ejemplo no terminando de sacar nunca el incómodo cadáver embalsamado del Valle de los Caídos. Podemos ha optado por la fragmentación y la alternancia de la pareja instalada en el liderazgo e IU no abandona su papel subalterno y rendido. Las izquierdas están beatíficamente rendidas a un idílico cosmopolitismo europeo de una consistencia onírica.

Quizá la falta de poder real explica cómo es posible que España no se hunda del todo pese al irresponsable comportamiento de una casta política infantilizada. Unos políticos que tuvieran que asumir una verdadera responsabilidad en la gestión de la política económica actuarían con mayor gravedad.

En este contexto de degradación económica y social Pedro Sánchez nos han convocado a las urnas. Se nos pide que votemos y ciertamente no podremos quejarnos de ausencia de opciones políticas. Cinco tienen alguna expectativa de incorporarse a un futuro gobierno. Pero la diversidad es ilusoria. Al electorado español se le ofrecen básicamente dos opciones: austeridad brutal bajo gobiernos conservadores o austeridad brutal con leves concesiones a cuestiones sociales sin dotación presupuestaria relevante bajo gobiernos progresistas. Por tanto, cualquiera que sea el resultado electoral, toda ilusión de los ciudadanos concluirá en la enésima decepción y reconducirá sus ánimos reivindicativos a la frustración.

El agitar de banderas y las cuestiones identitarias van a centrar los debates electorales. Éstos seguramente serán animados pero se moverán entre el fanatismo pueril y el buenismo sin consecuencias. No podemos esperar otra cosa pues eso perseguía la despolitización que ha impulsado el neoliberalismo consagrado en el proyecto imperial europeo. Por mucho que prometan, las propuestas programáticas de los partidos seguramente resultarán en frustración y melancolía cuando lleguen al poder.

1 Comentario

  • En El País de hoy (18 marzo de 2018), en primera página, el titular reza “Los partidos rehúyen el debate económico, pese a los indicios de frenazo”. ¡Esto es evidencia directa del gran vacío del que habla el artículo, y que se vuelve muy visible al examinar la situación política por la lente ‘MMT’!

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