Teoría

Dinero, poder y regímenes monetarios (Parte 1/3)

Pavlina R. Tcherneva

Este artículo se publica en tres partes. Las partes dos y tres se encuentran en los siguientes enlaces

Dinero, poder y regímenes monetaris (parte 2/3)

Dinero, poder y regímenes monetarios (parte 3 de 3)

 

Documento de trabajo nº861 del Levy Economics Institute del Bard College

Marzo 2016

RESUMEN DEL DOCUMENTO

En este documento, el dinero se define como una relación específica de poder: una relación de deuda social estratificada, medida en una unidad de cuenta determinada por alguna autoridad. Un breve examen histórico revela su cambiante naturaleza en el proceso de provisión social, ya que el dinero no sólo es anterior a los mercados y al intercambio real, tal como se entiende en la economía convencional, sino que también emerge como un mecanismo social de distribución, generalmente a cargo de alguna autoridad (ya sea una antigua autoridad religiosa, un rey, una potencia colonial, un Estado-nación moderno, o una unión monetaria). Se puede decir que el dinero es una “creación del Estado” que ha jugado un papel clave en la transferencia de recursos reales entre las partes y en la distribución del excedente económico.

En las economías capitalistas modernas, la moneda es también un monopolio público simple, y desde sus orígenes, alguien siempre ha intentado manipular su valor. Contar la historia de la producción y distribución de billetes falsificados, así como la de la independencia del dominio colonial y económico, es otra forma de contar la historia del “dinero como una creación del Estado.” Esta comprensión histórica de los orígenes y la naturaleza del dinero ilustra las perspectivas económicas en los diferentes regímenes monetarios institucionales del mundo moderno. Se considera que los llamados regímenes monetarios modernos “soberanos” y “no soberanos” (que incluyen monedas de libre flotación, tipos de cambio fijo, juntas monetarias, naciones dolarizadas, y uniones monetarias) examinan el espacio político disponible en cada caso para la consecución de objetivos en política nacional.

INTRODUCCIÓN

Pocas instituciones son tan importantes para el bienestar humano como la institución del dinero. Sin embargo, ninguna es tan terriblemente incomprendida como el dinero. Nuestro conocimiento y comprensión de qué es el dinero, de dónde proviene y cuál es su función está plagado de mitos dominantes[1]. Entre estos mitos se encuentran: 1) que la moneda es una creación del mercado nacida de la necesidad de facilitar el trueque; 2) que el dinero es un objeto, generalmente algo con valor intrínseco (derivado de metales preciosos) que es fácilmente transportable y divisible; y 3) que, en sí mismo, el dinero tiene poca importancia económica (es “neutral”), simplifica las transacciones, pero no afecta las decisiones de empleo, consumo e inversión.

Estos mitos impregnan la teoría económica dominante y se conocen como la “visión metalista” del dinero (Goodhart 1998), generando varias suposiciones y prácticas metodológicas problemáticas dentro de la economía. En primer lugar, dado que el dinero se considera un fenómeno del mercado, el control del Estado sobre el sistema monetario se presenta como una intervención significativa que reduce la eficiencia del mercado[2]. Segundo, si el dinero es un objeto de valor metálico intrínseco, se supone que es inherentemente escaso. Debido a esta escasez, se defiende la idea de que el gasto gubernamental desplaza al consumo privado y a la inversión. Además, el poder monopólico que se le otorga al Estado para la emisión de moneda, se presenta como la apropiación estatal del dinero privado que debe limitarse a toda costa, ya que el Estado (se dice) tiene el perverso incentivo de gastar en exceso y depreciar la moneda. Finalmente, como el dinero es “neutral,” los modelos económicos convencionales están completamente desprovistos de dinero, finanzas, deuda o insolvencias.

Aunque la visión metalista de los orígenes del dinero es fundamental para la teoría económica dominante, no encuentra apoyo en la literatura académica de otras disciplinas, como la historia, la antropología, la numismática, la sociología, la asiriología o la religión, entre otras. Confrontar la historia convencional es crucial, ya que se pondría fin a todas las proposiciones anteriores e ilustraría el sistema monetario moderno de otra forma.

Este documento presenta un análisis histórico con fundamento en los orígenes del dinero, con el fin de ilustrar que el dinero es anterior a los mercados. No sólo no es una “creación del mercado,” sino que se propone que el dinero es, en realidad, una “creación del Estado,” por muy amplia que sea su definición. Esta propuesta está en el corazón del enfoque del dinero cartalista (o Teoría Monetaria Moderna). Este documento amplía un análisis anterior del cartalismo (Tcherneva 2006) y define al dinero como una relación específica de poder, a saber, una relación social de crédito-deuda, codificada por alguna autoridad o institución de poder: una antigua autoridad religiosa, un jefe tribal, un cuerpo administrativo, como un palacio de Mesopotamia o una polis griega, y más tarde una monarquía, un poder colonial, o un Estado-nación moderno. Lejos de ser un simple medio de intercambio, la historia del dinero como creación del Estado indica, en cambio, que es un medio de distribución, una herramienta para transferir recursos reales de una parte a otra, sujeto a la relación específica de poder dentro de un contexto histórico.

SOBRE EL DINERO Y EL PODER

Un viaje histórico a través de los orígenes del dinero indica que el dinero es ante todo una relación social. Concretamente, se trata de una relación de poder crédito-deuda, en virtud de la cual la parte endeudada emite un pasivo que el acreedor mantiene como activo. Detrás de esta relación social se encuentran diversas relaciones de poder social que codifican el comportamiento humano en el contexto histórico específico y las normas culturales y religiosas que rigen el proceso de provisión social.

Hay varios relatos de los orígenes históricos del dinero. Los economistas cometen un error básico cuando combinan los orígenes del dinero con los orígenes de la acuñación (Innes 1914, 394; Knapp 1924, 1). La historia del surgimiento del dinero a partir de un intercambio hipotético de mercado basado en las relaciones de trueque, no encuentra apoyo en ninguna otra disciplina fuera de la economía.

Es bien sabido que el dinero es anterior a la acuñación por casi 3,000 años. Las tablillas de arcilla (las formas más antiguas de dinero descubiertas) y varios otros tipos de instrumentos sin valor “intrínseco” habrían circulado durante miles de años antes del surgimiento de la acuñación o del comercio[3]. De hecho, las tablillas de arcilla son cheques o balances antiguos, donde las marcas que contienen especifican cómo se puede saldar la deuda (por ejemplo, un cheque del Rey estaría inscrito “Dile a NN que entregue X al portador”), la garantía de la deuda (el hijo o la hija de alguien), los términos de la esclavitud por deuda y bancarrota.

Orígenes mesopotámicos

Los asiriólogos sitúan los orígenes del dinero en los templos y palacios de Mesopotamia, que desarrollaron un elaborado sistema de contabilidad interna de créditos y deudas (Hudson 2003). Estas grandes instituciones públicas desempeñaron un papel clave en el establecimiento de una unidad general de cuenta y depósito de valor (inicialmente para el mantenimiento interno de registros, pero también para la administración de precios). El dinero, en cierto sentido, evolucionó como un bien público introducido por las instituciones públicas en el proceso de estandarizar precios y pesos.

Wergild o Wergeld

Está comprobado que el dinero también se originó en los antiguos sistemas penales, que instituyeron programas de compensación de multas, similares a wergild, como un medio de saldar la deuda de alguien por actos ilícitos infligidos a una parte perjudicada (Grierson 1997; Goodhart 1998; Wray 1998). Estas deudas se liquidaron según un complejo sistema de desembolsos, que con el tiempo se centralizaron en pagos al Estado por delitos. Posteriormente, la autoridad central (ya sea un cuerpo religioso, un jefe tribal o una organización política) agregó varias multas, cuotas, aranceles e impuestos a la lista de obligaciones ineludibles de la población.

Estas dos historias no son mutuamente excluyentes. Dado que en las sociedades premesopotámicas existía un sistema de deudas para las transgresiones sociales, es muy probable que las mediciones de las obligaciones sociales (deudas) también se usaran para medir las equivalencias entre las mercancías (Ingham 2004: 91). El análisis del antiguo Egipto de Henry (2004) también vincula los dos relatos.

Antiguo Egipto

En Egipto, como en Mesopotamia, el dinero surgió de la necesidad de la clase dominante de mantener las cuentas de los cultivos agrícolas y los excedentes acumulados, y también sirvió como un medio para contabilizar el pago de tributos, tributos extranjeros y obligaciones tribales a los reyes y sacerdotes[4]. Henry (2004) argumenta que antes de que las sociedades pudieran producir excedentes, no usaban el dinero. De hecho, antes de que surgiera el dinero, fue necesaria una transformación sustancial de las relaciones sociales: de una sociedad tribal igualitaria, a una estratificada y jerárquica. Una vez que los desarrollos agrícolas generaron un superávit económico, las autoridades utilizaron los impuestos como un método para transferir parte de ese excedente (los recursos reales) de la población a los palacios. La autoridad central (el rey) gravaba con impuestos a la población y determinaba cómo se podían pagar, estableciendo así la unidad de cuenta para denominar todas las deudas con el Estado (Henry 2004).

Una de estas unidades de cuenta en el Imperio Antiguo era el deben, pero los debens nunca cambiaban de manos. Fue una medida virtual y abstracta para estandarizar pesos y precios, al igual que en los palacios mesopotámicos. Diferentes objetos podían representar un Deben -trigo, cobre, mano de obra, etc. Es decir, una vez que se estableció la unidad de cuenta, muchas “cosas” medidas en debens comenzaron a circular como medio de pago. Graeber (2011) argumenta de manera convincente que durante la mayor parte de la historia de la humanidad, el dinero ha sido “virtual.” Hoy en día, el “dólar” también es una unidad de medida abstracta y hay muchas cosas que responden al nombre de “dólar”: billetes, monedas y (principalmente) dígitos electrónicos. Keynes también reconoció que el dinero es ante todo una unidad de cuenta virtual administrada por el Estado, y éste también ha determinado su forma física durante al menos 4.000 años.

El Estado, por lo tanto, se presenta en primer lugar como la autoridad legal que impone el pago de la cosa que se corresponde con el nombre o descripción del contrato. Pero lo hace doble, cuando además, reivindica el derecho a determinar y declarar lo que se corresponde con el nombre de […] Este derecho es reclamado por todos los Estados modernos, y lo ha sido, por lo menos, durante unos cuatro mil años. […] Hoy en día, todo el dinero civilizado está, más allá de la posibilidad de disputa, cartalista. (Keynes 1930)

Prácticas Religiosas y Justicia Redistributiva

En la antigua Grecia, como en el antiguo Egipto, la aparición del dinero estuvo estrechamente ligada a la necesidad de las autoridades religiosas de controlar el flujo de excedentes. En otras palabras, el dinero se convirtió en un mecanismo público de distribución del excedente económico y de justicia. Semenova (2011: ii) explica:

[En la Antigua Grecia] el dinero surgió en el contexto de […] jerarquías y desigualdades socioeconómicas. El dinero se encarnó primero en las porciones de carne de toro sacrificado distribuidas por las autoridades
religiosas durante los rituales de las comidas de sacrificio comunales. Pretendiendo asignar a cada uno su parte “justa” e “igual,” los rituales redistributivos crearon una fachada de justicia social e igualdad a través del uso del dinero.

En resumen, el poder, los impuestos y los tributos religiosos juegan un papel crucial en todos los relatos sobre los orígenes del dinero. Los impuestos son el motor de la transferencia de recursos reales de los sujetos a la autoridad. El dinero es el vehículo. La transferencia de recursos fue en parte para proveer a la propia autoridad, y en parte para permitir a la autoridad redistribuir el excedente a sus súbditos de manera más “equitativa “ dentro del contexto de las costumbres sociales culturales y religiosas de la época. En cierto sentido, el dinero es una creación del Estado, un bien público y un mecanismo redistributivo empleado por ese Estado para bien o para mal.

[1] El uso del término “dinero” en sí mismo ha sido problemático, ya que significa diferentes cosas para varias personas. Algunos economistas lo usan para referirse a la liquidez, otros lo tratan estrictamente como un objeto, mientras que otros enfatizan su naturaleza abstracta como una unidad de medida. Este documento tiene como objetivo aclarar esta confusión.

[2] Ver trabajo sobre la ineficiencia del señoreaje (Freeman 1993).

[3] Por “comercio” nos referimos al “intercambio” en sentido convencional, un mecanismo de mercado en el que los precios cumplen una función distributiva. El comercio, de una forma u otra, ha existido desde tiempos muy tempranos, siendo anterior al propio dinero. Lo importante sobre el comercio antiguo es que, dada la información disponible, no hubo ningún intento de establecer relaciones comerciales “iguales” (Henry 2004; Graeber 2011).

[4] Henry (2004: 90) añade además, que el dinero no puede existir sin poder y autoridad. Las sociedades basadas en la hospitalidad y el intercambio no le dieron ningún uso; en una sociedad estratificada, la clase dominante se vio obligada a diseñar unidades de cuenta estándar, que midieran no sólo el excedente económico recaudado en forma de impuestos, sino también los regalos reales y las cuotas religiosas que se impusieron a la población dominada.

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