Ficha técnica: orígenes de la teoría monetaria moderna [1]

La Teoría Monetaria Moderna (TMM) es una combinación de teorías macroeconómicas establecidas que incluyen el cartalismo y el trabajo de economistas sucesivos e influyentes del siglo XX como John Maynard Keynes, Abba Lerner, Hyman Minsky y Wynne Godley. Por eso se llama “Moderna”, de la misma manera que diríamos “Arte Moderno”. Estas personas han influido en el trabajo de economistas y expertos en finanzas más recientes. Los profesores Bill Mitchell, Mathew Forstater, Stephanie Kelton, L Randall Wray, Warren Mosler y Pavlina Tcherneva trabajaron juntos para convertirlo en lo que hoy se conoce como TMM. Debe hacerse hincapié en que es el conjunto coherente que forman estas teorías lo que define a este enfoque institucional / post keynesiano de análisis económico. El resultado conjunto no es igual a la suma de sus partes.

El pensamiento sobre el dinero como crédito (o deuda) ha existido durante mucho tiempo, si bien la coyuntura histórica hasta fechas recientes viene marcada por posiciones alineadas con un metalismo práctico (Schumpeter, 1954 [2012]), dadas las condiciones materiales de incertidumbre y debilidad de las autoridades fiscales y monetarias de los Estados. En 1914, cuando muchos de los principales emisores de divisas comenzaban a abandonar el patrón oro, un diplomático británico llamado Alfred Mitchell-Innes escribió dos artículos sobre dinero y crédito para The Banking Law Journal. El primero, “¿Qué es el dinero?” (Mitchell-Innes, 1913), Obtuvo una revisión positiva de Keynes y fue seguido por la “Teoría crediticia del dinero” (Mitchell-Innes, 1914). Randall Wray (2004, p199), uno de los fundadores de TMM, los describió como “el mejor par de artículos escritos sobre la naturaleza del dinero en el siglo XX”.

Procedente de una larga tradición académica, la TMM no es una “aspiración” para algún momento en el futuro. Hace lo que no hacen otras teorías económicas dominantes. Describe la realidad del sistema monetario moderno y su evolución, haciendo hincapié en cómo desde 1971, momento en que se abandona el sistema de tipos de cambio fijos de Bretton Woods por el de moneda de libre flotación, el momento histórico marcado por el reinado del dinero-mercancía llega oficialmente a su fin. Debe hacerse hincapié en que, como señalan Cruz et ál. (2020), este momento debe verse como una fase coyuntural incluida de una teoría del dinero más general: la teoría del dinero cartalista.

La TMM desafía el relato económico dominante

El relato económico dominante hunde sus raíces en la “revolución marginalista” de la década de 1870, que incluye tanto la economía neoclásica como la austriaca. Salvo por algunas diferencias entre los fundadores (Jevons, Marshall, Menger y Walras) y sus seguidores, su trabajo comparte características importantes, como el individualismo metodológico, el análisis marginal, el subjetivismo y el compromiso con la benevolencia hacia los mercados.

Más tarde, el trabajo de un pequeño grupo de economistas (y compañeros de viaje) que formaron la Sociedad Mont Pelerin en Suiza en 1947 se hizo muy influyente. Entre sus fundadores se encontraban Friedrich Hayek y Ludwig von Mises (de la escuela de economía austriaca), el filósofo Karl Popper y el monetarista neoclásico de la escuela de Chicago, Milton Friedman. Abogaban por políticas económicas individuales de “libre elección” y “libre mercado” y estaban comprometidos con una ideología de derechos de propiedad privada y una mínima intervención del gobierno en la economía. En la década de 1980, el presidente estadounidense Ronald Reagan y la primera ministra Margaret Thatcher en el Reino Unido se encontraban entre las figuras políticas importantes influenciadas por las ideas asociadas con Hayek y Friedman. Los modernos modelos DSGE, comúnmente conocidos con el apellido “neo keynesianos”, son realmente desarrollos basados en la ontología y los supuestos sobre el funcionamiento del mundo defendidos por Milton Friedman (Christiano et ál., 2018).

El término “neoliberalismo” (a veces denominado “liberalismo clásico” o, en Estados Unidos, “neoconservadurismo”) fue acuñado en una reunión en París en 1938 a la que asistieron Ludwig von Mises y Friedrich Hayek. Creían que el desarrollo gradual del estado de bienestar de Gran Bretaña era la manifestación de un colectivismo peligroso similar al nazismo o al comunismo (soviético). En términos generales, el neoliberalismo describe una ideología política, mientras que el marginalismo (ya sea neoclásico o austriaco) se refiere a un enfoque de la teoría económica. Los dos están conectados en el sentido de que las implicaciones políticas de la teoría económica son de una mínima interferencia del gobierno en el proceso del mercado, sin embargo, muchos economistas neoclásicos creían tradicionalmente que los “fallos del mercado” como las externalidades negativas y la competencia imperfecta proporcionaban una justificación para una considerable regulación gubernamental.

Esta ideología favorece al capital sobre el trabajo. En su forma moderna, permite que las empresas se beneficien de la financiación estatal para la prestación de servicios públicos mientras socializan las pérdidas que se produzcan, como pasó en la Crisis Financiera Global de 2008, cuando se rescató a los bancos. Durante las últimas décadas, ha servido a los intereses de unas escuetas élites poderosas y corporaciones globales que influyen en círculos políticos y políticos que han ganado riqueza, poder e influencia con su respaldo financiero.

Como escribió George Monbiot (2015):

“El neoliberalismo se ha vuelto tan omnipresente que rara vez lo reconocemos como una ideología. Parece que aceptamos la proposición de que esta fe milenarista y utópica describe una fuerza neutral; una especie de ley biológica, como la teoría de la evolución de Darwin. Pero esa filosofía surgió como un intento consciente de remodelar la vida humana y cambiar el centro de gravedad del poder”.

¿Por qué no se habla de TMM en los medios y los políticos?

El lingüista George Lakoff (2007) describe cómo la derecha enmarca el debate en términos de metáforas simples que se relacionan con nuestra propia experiencia y la vida cotidiana. La idea de que el gobierno es como un hogar se propaga mediante mensajes como “tenemos que cuadrar las cuentas y apretarnos el cinturón”, “debemos buscarnos la vida”, “debemos ahorrar para cuando lleguen las vacas flacas”, o “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”.

Desde la izquierda aceptan estas afirmaciones y las refuerzan inadvertidamente. En lugar de hablar de aumentarles los impuestos a los ricos y las sociedades mercantiles en pos de políticas de igualdad y justicia fiscal, la retórica siempre es “tener que” obtener el dinero de los ricos con el que pagar los servicios para los más pobres.

Pero la creencia de que así es como funcionan las cosas no ha surgido accidentalmente. Ha sido el trabajo de defensores comprometidos del libre mercado que han presionado para incorporar sus ideas a través de una red internacional de académicos, empresarios, periodistas y activistas. El movimiento tiene ricos patrocinadores que financian grupos de expertos en ambos lados del Atlántico para promover su ideología. Estos incluyen el Instituto de Asuntos Económicos, el Centro de Estudios Políticos y el Instituto Adam Smith, que son organizaciones cuyas voces se escuchan regularmente en las noticias y programas de actualidad que comentan las posiciones económicas del gobierno y los partidos de la oposición. Critican el supuesto despilfarro, derroche, costo y burocracias monolíticas del sector público frente a la eficiencia, competitividad y agilidad del sector privado. Presentan al gobierno como totalmente dependiente de la financiación del sector privado. Ésta es una visión que ve la ciudadanía solo en términos de la capacidad de las personas para gastar y consumir y la provisión pública como una forma injusta de estrujar a los empresarios a través de los impuestos.

Es difícil ver cómo se lograrán mejoras duraderas tanto para las personas como para el planeta si esto no cambia. En este contexto tan arraigado, es fácil ver por qué los políticos no querrían salir del burladero. El cambio cultural debe arraigar antes de que osen hacerlo.

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Referencias:

Bernanke, B.S. (2020). The new tools of monetary policy. American Economic Review, 110 (4), 943-983.

Christiano, L.J., Eichenbaum, M.S. y Trabandt, M. (2018). On DSGE models. Journal of Economic Perspectives32 (3), 113-140.

Cruz, E., Rangel, J. F. y Parejo, F.M. (2020). The two faces of abstraction: a monetary adjustment of Marx’s labor theory of value. History of Economic Ideas, 28 (3), 39-64.

Lakoff, G. (2007) No pienses en un elefante. Planeta

Mitchell, W., Watts, M. y Wray. L.R. (2019) Macroeconomics. Red Globe Press.

Mitchell-Innes, A. (1913). What is Money? The Banking Law Journal, 30, 377-408

Mitchell-Innes, A. (1914). Credit Theory of Money. The Banking Law Journal, 31, 151-168.

Monbiot, G. (2016). Neoliberalism – the ideology at the root of all our problems. The Guardian 15 de abril de 2016

Schumpeter, J. A. (1954 [2012]). Historia del análisis económico. Ariel.

Wray, L. R.  (2004) Credit and State Theory of Money. Edwaard Elgar Publishing Group. 199

[1] Ficha técnica inspirada en Fact Sheet the Gower Initiative for Modern Money Studies (GIMMS) Origins of Modern Monetary Theory (https://gimms.org.uk/fact-sheets/origins-of-mmt/).