Opinión

Los ganadores de una cumbre que nadie nombra

Ursula Von der Leyen
David García Delgado

Es el objetivo de grandes poderes que trabajan en vaciar los estados y transferir la soberanía a órganos supranacionales. Una vez alcanzada y obtenida esta cabeza de puente no se la dejarán retomar tan fácilmente. Segundo, porque una vez roto el tabú y con el genio fuera de la botella, será muy difícil reconducirlo de nuevo a ella.

Como ya viene siendo una norma en las apariciones públicas de las instituciones europeas, éstas no han ahorrado en epítetos grandilocuentes a la hora de calificar los resultados de última cumbre. De nuevo nos complacemos con un “éxito histórico” y una muestra más de la gran solidaridad, más allá de ciertas asperezas, que reina en el proyecto europeo. No menos grandilocuente nuestro gobierno, que en una “performance” digna de Cantinflas, recibió a nuestro presidente entre aplausos y albricias más dignas de colegiales sin sentido del ridículo que de gobernantes de una de las naciones más viejas de Europa. El decoro y narcisismo están por definición reñidos.

Pese a tantas muestras de júbilo de cara a la plebe, las conclusiones presentadas por el Consejo apenas dan motivos de celebración. Más aún, dan muchos para la preocupación.

Los verdaderos ganadores del Acuerdo

El acuerdo presentado por el Consejo Europeo al Parlamento para su ratificación tiene en su estructura dos partes claramente diferenciadas: el Marco Financiero Plurianual (MFP) y las medidas de recuperación con el infantilizante nombre de Next Generation EU.

Para comprender en toda su profundidad este acuerdo hay que desplazar, al contrario de lo que analistas y periodistas suelen hacer, la mirada del gasto hacia los ingresos. Y de las transferencias y créditos que algunos países recibirán al oculto incremento de poder de la estructura supranacional no democrática europea, representada en su voraz Comisión. Así, desde esta nuevo ángulo, el cuadro real que se nos presenta se aleja de las florituras  y fanfarrias a las que los medios afines nos tienen acostumbrados y nos da una visión de conjunto más nítida y clarificadora.

Lo primero que salta a la vista una vez hecho este ejercicio mental son los verdaderos ganadores de esta cumbre, que no son los comúnmente anunciados. Los rotundos vencedores de esta cumbre europea son el conglomerado financiero privado, lo que la gente de a pie conoce como la gran banca y la Comisión Europea.

Pero vayamos por partes y comencemos por el gran ausente de esta cumbre. Resulta significativo que frente a lo que el Consejo Europeo define como un “desafío de proporciones históricas” (pág 1 de las “Conclusiones”) el todopoderoso BCE apenas esté jugando un papel. Y esto cuando principalmente hablamos de dinero. ¿Cómo se explica que ese BCE, que reaccionó con enormes inyecciones de liquidez y sus programas de flexibilización cuantitativa ante la crisis bancaria, se inhiba ahora ante una crisis que el mismo sistema califica de “histórica”? Algunos dirán que los Tratados lo prohíben y que ahora es el momento del Consejo. Sin embargo el BCE ya ha estado operando “mas allá” de los Tratados como la sentencia del TC alemán de junio de este año bien ha indicado. El BCE, bien es sabido, no puede financiar los estados, pero en ningún lugar está escrito que no puede hacerlo con la Comisión. La imaginación no fue algo de lo que careciese Draghi y de una situación como la actual bien podría esperarse una coordinación mayor entre las instituciones comunitarias, entre las cuales se encuentra el BCE.

Sin embargo el camino elegido a la hora de encontrar financiación ha sido otro. El neoliberal, mal que le pese a nuestro vicepresidente. Y es aquí donde encontramos una de las claves de toda esta cumbre. Porque por más que pretendan ocultarlo esta cumbre va de la creación de un protoestado en ciernes cuyo galeón de proa se encuentra en la figura de un protogobierno que ha de ser la Comisión Europea. Este es el verdadero objetivo de esta cumbre y por ello ella es la verdadera vencedora de lo acordado en Bruselas.

Pongámolos en números. Esta nueva posición de poder de la Comisión Europea se concreta en un incremento de su capacidad financiera hasta el 1.4% de la RNB de la Unión para el presupuesto del siguiente septenio. Un incremento del 40% del Marco Financiero Plurianual (MFP). Algo nada despreciable. Pero eso no es todo. La guinda del pastel está en el programa con el petulante nombre de “Next Generation EU”. La Comisión se endeudará hasta un montate de 750.000 millones de Euros. Recibe así una potestad que la separa claramente de una administración y la acerca a la figura de estados soberanos. Esta recién adquirida capacidad de endeudamiento es un elemento central y no puede ser obviada como un mero aspecto técnico. Su estrecho corsé financiero acaba de ser eliminado y siendo la receptora de importantes fondos su peso político se incrementará notablemente. No son así los estados (estructuras nacionales)  o el Consejo Europeo (una estructura intergubernamental) los que se endeudan. Lo hace la Comisión Europea  que es una estructura supranacional. El significado político de esta decisión es el verdadero elemento histórico en esta cumbre.

Estos fondos una vez recogidos del “mercado” serán utilizados para prestar y subvencionar a los estados miembros con lo que su papel director de las políticas comunitarias aumentará notablemente. No olvidemos que estos préstamos y subvenciones a fondo perdido estarán sujetos a “condicionalidades”, que los países receptores tendrán que cumplir si desean recibir los fondos. La soberanía de las naciones “beneficiarias” del programa de la Comisión pasará entonces a manos de funcionarios comunitarios y del Consejo que impondrán recortes. Dinero por recortes, es la realidad que viviremos. Todas los desmentidos del gobierno en este sentido se chocan con una realidad tozuda con la que ciudadanía se topará más pronto que tarde.

Se objetará que esta capacidad de endeudamiento de la Comisión es temporal y limitada. Mucho hace temer que esto no será así. Y esto por dos cuestiones. Esta decisión no ha sido casual ni accesoria. Es el objetivo de grandes poderes que trabajan en vaciar los estados y transferir la soberanía a órganos supranacionales. Una vez alcanzada obtenida esta cabeza de puente no se la dejarán retomar tan fácilmente. Segundo, porque una vez roto el tabú y con el genio fuera de la botella, será muy difícil reconducirlo de nuevo a ella. Es bien conocido la propensión al gasto en las administraciones  y será fácil encontrar una nuevas excusas para aumentar el endeudamiento de la Comisión. Aclarémoslo para los malpensados. El problema no está en el endeudamiento en sí, que puede ser legítimo, sino en el hecho que sea una estructura supranacional sin legitimación democrática la que lo haga. Esta situación nos lleva a hacernos una pregunta más que pertinente. ¿Estamos ante un momento hamiltoniano a espaldas de los pueblos soberanos? O dicho de otro modo. ¿Le están robando la soberanía a sus legítimos dueños que son los pueblos?

 

El papel de la Banca en el Next Generation EU

Hay una segunda ganadora en todo este proceso. Y se encuentra del lado del financiador. Si el desgarro en las cuentas públicas que produce este plan de relanzamiento Next Generation EU no es cubierto por los estados ni por el BCE, alguien distinto tendrá que hacerlo. En el sistema neoliberal en el que vivimos este papel es encarnado por la gran banca privada. Una banca privada que sigue teniendo graves problemas de solvencia y la que obtendrá un importante beneficio al obtener un cliente sin riesgo al que prestar la friolera de 750.000 millones de Euros hasta el 2023. Préstamo a devolver hasta el 2058 con sus intereses correspondientes, claro está. Se afirma que los intereses serán bajos. Puede ser, pero mucho más jugosos que colocar depósitos en el BCE con tipos de interés negativos. Y el estado es un pagador fiable ante todas las incertidumbres que se avecinan. No son bonos perpetuos, pero la verdad es que se le parecen mucho. Por curiosos vericuetos el deseo de Soros y de Sánchez de bonos perpetuos se ven hechos casi realidad.

¿Dispone de esta cantidad una banca acosada por problemas de solvencia como lo es la europea? Claro que no. Este dinero será creado ex-nihilo (como hace siempre la banca) para ser prestado a la Comisión y tendrá que ser devuelto con intereses bien reales. Este préstamo AAA mejorará así la cartera de una banca que sigue arrastrando gran cantidad de valores basura en sus balances. El resultado final de toda esta construcción financiera será algo que bien se parece a un minirescate a una banca a la que, sin gritos molestos de una izquierda bien domesticada, se la ayuda en momento de penurias.

Por último recordar que este préstamo, en última instancia, no lo pagará la Comisión, sino serán los mismos Estados los que lo tendrán que hacer vía aportaciones a la UE. Ante este panorama tan poco halagüeño llama un poco la atención que la (pseudo-)izquierda patria sea la que lo esté celebrando como un triunfo personal y de Europa.

En resumen, podemos afirmar que estamos asistiendo a una maniobra que bajo el manto de resolución de una crisis bastante sui géneris y bajo la bandera de la solidaridad europea persigue objetivos no tan nobles. En primer lugar un incremento enorme del poder de una institución llamada a formar el futuro gobierno del Estado Europeo en ciernes. Este incremento de poder se hace apelando de forma fraudulenta a la solidaridad de Europa y ocultándolo a los pueblos de las naciones europeas, únicos portadores legítimos de la soberanía, que con total seguridad rechazarían de plano de saber qué está ocurriendo. En segundo lugar se está favoreciendo a la gran banca privada, a la que se concede un cliente fiable que demanda la nada despreciable suma de 750.000 millones de Euros y se la reafirma como financiadora de estados a los que se les ha robado la política monetaria.

Por último recordar, que aunque sólo sea de manera simbólica, los países frugales más Alemania tampoco han querido ir muy lejos con sus muestras de solidaridad. Han arrancado una reducción bruta anual de su aportación a la Next Generation EU de 7063 millones de Euros que cubrirán todos según su peso en la RNB de la UE.

Como vemos todo un éxito del Gobierno de Progreso. Tienen al parecer grandes motivos para aplaudir al Presidente.

 

Apéndice

No es posible comprender el proceso que ha llevado a este resultado de la Cumbre Europea de Bruselas si no incluimos en el análisis las circunstancias extraordinarias y muy particulares que lo han hecho posible. Tales circunstancias han de ser consideradas, a la vista de las enormemente trascendentes consecuencias  que están teniendo para la soberanía de los países y para su población, como “políticas”, aunque a primera vista y en su origen puedan parecer no serlo. De no ser consideradas así se corre el riesgo de verlas como circunstancias “dadas”, cuando en realidad en su conjunto no lo son, aunque puedan serlo en parte. De igual manera a cómo hemos visto en las líneas anteriores, es necesario variar el foco de atención y observar lo que suele pasar desapercibido, para así poder acercarnos a una realidad enormemente compleja y cambiante.

La existencia de la enfermedad COVID 19 en sí misma no explica de forma unívoca los importantes cambios que se están produciendo y que aún se producirán en Europa y en el mundo. Así por ejemplo, casi ninguno de los países afectados por la enfermedad sufrirán la pérdida de soberanía que se vislumbra en el horizonte tanto para Italia como para España. Es decir, son las decisiones que se toman con respecto a una situación determinada las que están empujando los acontecimientos en una dirección concreta, que bien podría ser otra. Éstas decisiones tienen por tanto una enorme porción de discrecionalidad y son por tanto de naturaleza política.

Estamos directamente siendo testigos de cómo un “shock externo” está siendo utilizado para llevar adelante una agenda que por su precisión, determinación y complejidad mucho parece indicar que hubiera sido planificada con antelación. Algo que, seamos sinceros, ya ocurre demasiado a menudo como para que no llame la atención a un observador cuidadoso. Es como si la teorización de la “Doctrina del Shock” por Naomi Klein hubiese sido mejor estudiada por aquellos que pretenden servirse de ella que por aquellos que son candidatos a padecerla.

Como una de esas extrañas casualidades en las que el presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt afirmaba no creer, España e Italia, aquellos países tan grandes como para ser rescatados en la lejana crisis del 2008, serán ahora rescatados y reconducidos al redil de la ortodoxia. Nunca es tarde si la dicha es buena, como diría algún cínico. Ya veremos qué opinan sus poblaciones ante los recortes que ya han comenzado a llevarse a cabo y que ciertamente se incrementarán. Veremos entonces si nuestra izquierda gobernante es capaz de salvar las pensiones, sin duda el mayor objeto de deseo de una banca bien conocida por su rapacidad. Sería una gran crueldad del destino que quienes salvaron con sus mínimos emolumentos a una población de lo peor de la crisis del 2008, sean ahora los mayores damnificados de la nueva crisis y su consecuente corolario en recortes que se aproximan.

Todo esto, claro está, no es todavía más que especulación todavía no concretada. Pero en los tiempos que estamos viviendo más nos vale estar preparados para lo increíble antes de que la nueva realidad de la “nueva normalidad” nos impacte con toda virulencia en el rostro. No parece la verdad, que el “escudo social” del gobierno de progreso vaya a servir de mucho ante lo que se nos viene encima. El tiempo lo dirá y ojalá sea yo el que se equivoque.

Deja un comentario