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La hiperinflación de la República de Weimar a través de la lente de la teoría monetaria moderna (Parte 3 de 3)

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La hiperinflación de la República de Weimar a través de la lente de la teoría monetaria moderna. (Parte 2 de 3)

Poner fin a la hiperinflación de Weimar

La endogeneidad inherente del dinero de los bancos comerciales está restringida por la regulación y la supervisión gubernamental de la creación de crédito. Las regulaciones incluyen restricciones de apalancamiento y requisitos de crédito y garantías para los prestatarios. Así pues, en ese sentido, el gasto respaldado por la expansión del crédito bancario como consecuencia de la iniciativa estatal se clasifica correctamente como gasto estatal. Por lo tanto, cuando el estado facilita el pago de precios más altos por parte de agentes del sector privado éste es un caso en que el estado redefine el valor de su moneda a la baja. Durante el período de hiperinflación, el estado alemán acordó satisfacer toda la demanda de crédito, ya sea directamente, con respecto a sí mismo, o indirectamente, renunciando voluntariamente a sus estándares regulatorios y límites a la creación de crédito del sector privado, lo que contribuyó a los aumentos de precios durante la hiperinflación. Recuperar el control de la creación de crédito del sector público y privado fue, por lo tanto, un requisito previo para poner fin a la hiperinflación; una tarea reconocida por Schacht cuando asumió las riendas del Reichsbank.

Schacht (1967: 68) vio el primer problema como el de lidiar con el “dinero de emergencia”. «Por tanto, el primer paso hacia la estabilización del marco fue un decreto del Reichsbank publicado el 17 de noviembre de 1923, por el cual no aceptaría ningún dinero de emergencia después del 22 de noviembre. Los titulares de estos billetes disponían de cuatro días para redimir el dinero de emergencia que se encontraba en las cajas de seguridad del Reichsbank» (Schacht 1967: 68). El Reichsbank no había podido producir suficiente papel moneda para satisfacer la demanda durante la hiperinflación y había acogido a empresas privadas que producían el papel moneda necesario acordando redimir sus billetes, dándoles a esos billetes el estatus de dinero estatal[1]. Además, el Reichsbank no sólo había subcontratado el control de la circulación del dinero, sino que también había dejado de regular el sistema crediticio.

Schacht mantuvo su política contra una crítica intensa: «Cuando yo, como comisionado de la moneda, tenía que asistir  a las discusiones de quienes emitían dinero de emergencia, no me permití desviarme de mi propósito. El dinero de emergencia desapareció. Si mi firmeza no me hizo popular entre los industriales y los municipios, ésta fue la cruz que tuve que soportar … Esta [política] me ganó poca simpatía, y no ha sido olvidada incluso hoy” (Schacht 1967: 68-9, paréntesis añadido).

Schacht también actuó para estabilizar el marco impidiendo los préstamos que permitían el acceso a los marcos con fines especulativos y, además, estableció una política por la cual la nueva moneda, el Rentenmark, no podía utilizarse para saldar deudas en el exterior. Schacht también se dio cuenta de que poner fin a la crisis requeriría una reducción del gasto deficitario tanto del Reich como de la industria privada. Schacht admiró la firmeza del gobierno en contribuir al éxito de la política, en particular del ministro de Finanzas del Reich, argumentando que «el hecho de que al gobierno del Reich ya no se le permitiera obtener créditos con del banco central contribuyó a esta [política] y el éxito de esta restricción se debió en gran parte al ministro de Finanzas del Reich, Luther, quien se mostró tan decidido frente a la presión como el Reichsbank» (Schacht 1967: 70, paréntesis agregados). Sin embargo, Schacht reconoció que privar de crédito a la industria era difícil de justificar y, de hecho, que tal enfoque parece entrar en conflicto con el propósito vertebral del banco central. Pese a todo, el Reichsbank ya no se encontraba en condiciones de satisfacer la demanda industrial de crédito bajo las nuevas disposiciones (Schacht 1967: 70-71).

Estas reducciones en lo que había sido el gasto deficitario del sector privado, junto con la reducción en el gasto deficitario del estado (incluidas reducciones sustanciales en los gastos por intereses) tuvieron un éxito total en evitar que el gobierno tuviera que gastar a los precios cada vez más altos del pasado reciente y, en su lugar, restringir los precios pagados por el gobierno, de manera importante, también por las divisas:

Había un segundo obstáculo para la estabilización del marco. El 20 de noviembre de 1923, el Reichsbank decidió mantener un tipo de cambio de 4.200 millones de marcos por dólar[2]. … Los especuladores, sin embargo, no creían que el Reichsbank pudiera mantener este tipo de cambio durante un período de tiempo prolongado, y compraron dólar tras dólar a tiempo a un tipo de cambio mucho más alto. Hacia fines de noviembre, el dólar alcanzó un tipo de cambio de 12 mil millones de marcos en el mercado libre de la bolsa de Colonia … En años anteriores, tal especulación se había llevado a cabo ya con préstamos que el Reichsbank otorgaba generosamente ya con dinero de emergencia que uno mismo imprimía. , y luego intercambiado por Reichsmarks. Ahora, sin embargo, habían sucedido tres cosas. El dinero de emergencia había perdido su valor. Ya no era posible cambiarlo por Reichsmarks. Los préstamos que antes se obtenían fácilmente del Reichsbank ya no se concedían y el Rentenmark no podía utilizarse en el extranjero. Porque entre las estipulaciones que regían la emisión del Rentenmark, había una que prohibía la entrega de Rentenmark a los extranjeros. Por estas razones, los especuladores no podían pagar los dólares que habían comprado al vencimiento. Se vieron obligados revender los dólares y el Reichsbank no estaba dispuesto a pagar más de la tasa oficial de 4.200 millones de marcos por dólar. Los especuladores sufrieron pérdidas considerables. Apenas diez días después, el tipo de cambio de 4.200 millones fijado por el Reichsbank se había restablecido. Esa medida tampoco fue diseñada para hacerme más popular. Esta fue la primera vez que el Reichsbank devolvía atesoramientos de divisas extranjeras a sus cámaras acorazadas (Schacht 1967: 69-70).

Schacht señala que fue la renuencia del Reichsbank a restringir su voluntad de apoyar la demanda industrial de crédito lo que amenazó con socavar todos sus esfuerzos. A fines de 1923, fue posible una nueva crisis que de hecho obligó al Reichsbank a adoptar una postura intransigente hacia la industria, insistiendo en que las órdenes de compra de divisas debían contar con el pleno respaldo de moneda alemana (una instrucción que a menudo se había ignorado hasta ese momento). Los bancos que no entraron en vereda fueron amenazados con ser excluidos de los servicios de compensación y descuento de facturas del Reichsbank. Como era de esperar, una acción tan dura no estuvo exenta de controversia. Schacht hizo hincapié en que, en 1924, el Reichsbank se enfrentó a una elección difícil, pero porfió en el abordaje que había tenido éxito y seguía siendo más probable que respaldara el marco y redujera las perspectivas de un retorno futuro de una inflación severa. Afortunadamente, como señala Schacht, este enfoque finalmente logró devolver la estabilidad de precios a Alemania.

Mientras tanto, la necesidad de crédito de la economía aumentó hasta tal punto que cualquier decisión que tomara el Reichsbank habría tenido serias desventajas. Tuvo que enfrentarse a la cuestión de otorgar una cantidad creciente de crédito a la economía —lo que habría significado una caída en el valor del Marco y una nueva inflación—, o mantener la estabilidad del Marco. El Reichsbank se inclinó por la estabilidad del Marco. El 5 de abril de 1924 se emitió un edicto por el cual a partir del 7 de abril no se otorgaría ningún nuevo crédito de ningún tipo y se suspendería todo nuevo descuento de letras de cambio: en adelante, el descuento solo se produciría en la medida en que el reembolso de los créditos haría que el dinero regresara a las reservas de efectivo del Reichsbank. Es comprensible que esta intervención, que contradecía todas las tradiciones de la banca central, provocara un gran clamor. El banco se mantuvo firme contra esta tormenta. Fue reivindicado por el éxito[3] (Schacht 1967: 72).

Sin embargo, debe tenerse en cuenta que este “éxito ” tuvo un alto costo real, ya que el desempleo aumentó significativamente[4] tras la caída de la demanda agregada resultante de la implantación del enfoque de Schacht. En este contexto, podríamos argumentar que Schacht “se excedió” en sus esfuerzos por establecer la cantidad (en términos de gasto) y dejar que el nivel de precios se ajustara. Sugerimos que este “aterrizaje forzoso” podría haberse suavizado si el Estado alemán hubiera querido gastar en base a una restricción por precios. Por ejemplo, al Agente General se le podrían haber dado límites para los precios que pudiese pagar por divisas, y el gobierno alemán podría haber restringido los precios que pagaba por bienes y servicios. Al originarse los fondos para pagar impuestos alemanes directamente e indirectamente del gasto del gobierno alemán, limitar los aumentos en los precios pagados por el estado a su objetivo de inflación habría  servido para limitar el aumento en el nivel de precios en consonancia, mientras que al mismo tiempo se habría limitado el gasto deficitario (al restringir los precios pagados) a los niveles correspondientes al objetivo de inflación. En general, a los monopolistas les resulta más ventajoso fijar el precio y dejar que la cantidad se ajuste.

También debe destacarse aquí que El Plan Dawes de 1924[5] le dio a Schacht margen para operar sus políticas aplazando las reparaciones a los Aliados y poniendo fin a la ocupación del Ruhr. El aumento consiguiente de la confianza en la capacidad del gobierno de Weimar para mantener el valor de la moneda apoyó los grandes esfuerzos realizados por Schacht y el propio Reich para lograr y mantener la estabilidad de precios (Schacht 1927: 166-88)[6].

3. La perspectiva de la TMM

Como se señaló en la sección 1, la TMM reconoce que la moneda en sí es un monopolio público y que el valor de la moneda es una función de los precios que paga el gobierno cuando gasta (Mosler 2020; Armstrong 2020). Por lo tanto, cuando el gobierno paga más por una cosa en particular que antes, está redefiniendo el valor de su moneda a a la baja. Esto incluye compras de divisas (y oro) por parte del banco central.

Lo contrario también es cierto; si el gobierno se niega a pagar precios más altos, la caída en el gasto público deja a la economía sin los fondos para satisfacer sus necesidades de pagar impuestos y deseos de ahorrar activos financieros. Es importante destacar que, dado que los fondos para pagar impuestos y el ahorro neto provienen solo del gobierno y de sus agentes, las fuerzas del mercado que operan dentro de la economía imponen precios más bajos sobre lo que el sector no gubernamental vende al gobierno cuando trata de obtener esos fondos necesarios.

En contraste con la opinión generalizada de que el gasto de dinero del gobierno ex nihilo es inherentemente inflacionario, la TMM sostiene que el factor crítico es el precio pagado por el gobierno. Si el gobierno ejecuta un gasto neto cuando existe suficiente capacidad disponible a precios corrientes, ese gasto no es inflacionario. Sin embargo, si el gasto adicional solo se puede realizar a precios más altos, ese gasto es per se un aumento en el nivel de precios. La inflación es el resultado de la competencia del gobierno con el sector privado a través del pago de precios continuamente más altos. Si el estado puede comprar recursos al nivel actual de precios, sus compras serán no inflacionarias. Sin embargo, en pleno empleo, si el estado quiere trasladar recursos del sector privado a sí mismo, deberá aumentar su precio de oferta, lo que redefine la moneda a la baja.

En el caso de la hiperinflación de Weimar, al igual que Helfferich (1969 [1927]), los teóricos monetarios modernos reconocen que la noticia de la aceptación del Ultimátum de Londres provocó una fuerte venta especulativa y depreciación del marco, y la compra de divisas extranjeras por parte del gobierno alemán (tanto directamente de los exportadores como a través del Agente General[7]) aprecios de mercado más altos, fueron una redefinición continua a la baja del valor del marco. Y los correspondientes aumentos en los precios de importación y el pago por parte del gobierno de los precios más altos, tanto directamente a los funcionarios y contratistas del gobierno, como indirectamente a través de aumentos salariales organizados del sector privado que permitieron que el sector doméstico pagara los precios más altos, fue la fuente de la inflación del nivel de precios interno alemán

El estado alemán, en competencia con los compradores del sector privado, financiados directa e indirectamente por el estado, compitió por la producción limitada disponible aumentando sus precios de oferta. Este proceso, exacerbado por la política de tipos de interés alemana, incrementó aún más los déficits presupuestarios del gobierno (ver Apéndice 1), ya que los ingresos estatales, recaudados en términos nominales, no lograron mantenerse a la par con su gasto (Hetzel 2002), y estos déficits “hiperensanchados” apoyaron la hiperinflación del nivel de precios. Dichos déficits provocaron un aumento significativo de la renta nominal neta del sector no gubernamental, lo que permitió que el gasto del sector privado se produjera a precios cada vez mayores. Sin embargo, destacamos que los déficits presupuestarios no son inherentemente inflacionarios; sólo si el gobierno está preparado para competir por bienes y servicios a estos precios elevados, el proceso inflacionario se sustenta y puede persistir. Como se señaló anteriormente, si el gobierno se niega a aumentar los precios que está dispuesto a pagar en línea con los aumentos en los precios del mercado, la inflación se eliminará y que sólo cuando el gobierno paga precios elevados está redefiniendo el valor de la moneda a la baja y provocando inflación.

4. Conclusión

La moneda es un monopolio público y los monopolistas son quienes fijan los precios. Esto hace que el nivel de precios sea una función de los precios pagados por el gobierno. La inflación de Weimar, como es necesariamente el caso, fue impulsada por la política del gobierno alemán de pagar precios continuamente más altos para abastecerse, redefiniendo así continuamente el valor de su moneda a la baja. Una vez que esa política cambió y el gobierno limitó su gasto deficitario directo e indirecto y dejó de seguir pagando precios más altos, el nivel de precios se estabilizó. La inflación requiere necesariamente una política estatal de pagar continuamente precios más altos cuando gasta, y la inflación cesa cuando termina esa política.

[1] Schacht señala con respecto al ‘dinero de emergencia’ o ‘Notgeld’: «Mientras que antes de la guerra las imprentas del Reichsbank habían impreso todos los billetes, en 1923 se necesitaron 133 imprentas adicionales con 1.783 máquinas para abastecer la demanda. Más de treinta fabricantes de papel trabajaron a pleno rendimiento únicamente para proporcionar papel para los billetes del Reichsbank. Sin embargo, incluso con esta inmensa producción, el Reichsbank no pudo entregar suficientes billetes para satisfacer la demanda. A menudo tenía que pedir a las provincias, los municipios y las grandes empresas individuales que imprimieran y pusieran en circulación su propio dinero de emergencia. En tales casos, aseguró que canjearía estos billetes de emergencia exactamente como si fueran sus propios billetes. A fines de 1922, la cantidad de dinero de emergencia en circulación ya ascendía a una décima parte de los billetes del Reichsbank, y para fines de 1923 había tanto dinero de emergencia como dinero del Reichsbank (Schacht 1967: 68)

[2] «Esta tasa se eligió fundamentalmente por motivos contables. El tipo de cambio en tiempos de paz había sido de 4,2 marcos por dólar. Por lo tanto, ahora solo era necesario eliminar los ceros de los 4.200 millones para lograr una conversión simple a la antigua base de marcos de oro. En general, se podría haber elegido cualquier otro tipo de cambio” (Schacht 1967: 69).

[3] Schacht (1967: 72) señala con aprobación: «El difícil período de restricción crediticia no duró más de dos meses. Todos los especuladores, que una vez más acapararon dólares, cambiaron sus tenencias de divisas por marcos del Reich y así permitieron que se utilizaran para ayudar a la economía. La acción del banco salvó no solo la moneda, sino también la confianza en la moneda. Esta confianza no se basó en tediosas exposiciones de prueba o exhortaciones, sino que fue apoyada por el peso de la acción. El índice de precios al por mayor, que en abril aún se encontraba en 124, bajó en junio a plomo. Si el 30 de mayo el banco sólo podía cubrir el uno por ciento de sus necesidades de divisas, el 3 de junio estaba en condiciones de satisfacer toda la demanda de dólares. Por primera vez desde la década anterior, el mercado de divisas alemán funcionó como la seda y como debía».

[4] En 1922, el desempleo en Weimar se situó en 213.000, subió a 751.000 en 1923 y de nuevo a 978.000 en 1924 antes de volver a caer a 636.000 en 1925 (estas cifras quedaron eclipsadas por el enorme aumento del desempleo alemán que siguió al desplome de Wall Street). (Fuente: StJbDR [Statistisches Jahrbuch des Deutschen Reiches] https://www.mtholyoke.edu/courses/dvanhand/friedrich/arbeitslosigkeit.html ). El mismo Schacht señala los efectos de su política de restricción crediticia sobre las quiebras en 1924: «Mientras que en marzo el número de quiebras era solo de 68, en abril había aumentado a 133, en mayo a 322, en junio a 579 y en julio a 1,173» (Schacht 1927: 163).

 

[5] «A diferencia del Tratado de Versalles, el Comité Dawes puso un tope a la cantidad de dinero que Alemania tenía que transferir a los vencedores. El Comité dispuso que Alemania debía pagar la suma ahora determinada en cuotas anuales, una fracción de la cual era invariable mientras que la otra era variable y dependía del desempeño de la economía alemana en el año en cuestión» Ormazabal (2008: 2).

[6] Schacht señala que ‘Una de las condiciones preliminares para la entrada en vigor definitiva de los Acuerdos de Londres [30 deagosto de 1924] fue la colocación del préstamo internacional por un monto de 800 millones de marcos oro propuesto por los Expertos para el apoyo de la Moneda alemana y para facilitar los pagos de reparación del primer año de Dawes ‘(Schacht 1927: 184, paréntesis agregados). Posteriormente contextualiza y destaca la importancia del préstamo: “Tres fechas constituyen hitos en la recuperación de la moneda alemana. El 20 de noviembre de 1923, el marco se estabilizó a razón de mil millones [comúnmente, un billón en términos actuales] marcos de papel por un marco de oro; el 7 de abril de 1924, la aplicación del racionamiento crediticio finalmente aseguró el éxito de la estabilización; y, por último, el 10 de octubre de 1924,

[7] Aunque los detalles de la gestión monetaria alemana a partir de la estabilización del marco están fuera del alcance de este documento, agregaríamos que el principio de que el Agente General debería abstenerse de pagar más de la paridad acordada por divisas y, así mismo, que el capital extranjero tomado en préstamo no debería utilizarse para financiar la adquisición de divisas para liquidar las deudas por las reparaciones fue establecido por el propio Schacht. «La idea de fondo del acuerdo tan debatido, del cual fue responsable el Comité Dawes, es que Alemania solo debe transferir a países extranjeros los excedentes que es capaz de producir en su balanza de pagos. En consecuencia, el Agente general solo debe convertir el dinero de reparación que se devenga dentro de Alemania a divisas es decir. en forma transferible, dentro de los límites establecidos por la necesidad de mantenimiento de la paridad monetaria. Tal conversión por lo tanto, solo puede tener lugar con los excedentes que surgen de las actividades económicas del país: no puede ni puede intentarse con capital extranjero prestado» (Schacht 1927: 231, paréntesis agregados). Schacht luego pasa a discutir hasta qué punto se siguió realmente esta recomendación de política en los años inmediatamente posteriores a la adopción del Plan Dawes (Schacht 1927: 231-36).

Traducción de Rafael Carretero

Referencias

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